Danilo en los Infiernos

Danilo en los infiernos es un viaje impresionista, un paseo superficial y trascendente, elegante y vulgar, elevado y rastrero por los espectáculos y la vivencias que se te pueden clavar deambulando por la cartelera madrileña nocturna. Madrid, ciudad en la que todo puede consumirse a sí mismo. Puñalada en medio del horizonte de algún plenilunio.

Wednesday, July 05, 2006

UN ESPEJO PUEDE TENER MUCHAS SUPERFICIES

Es tremenda la maratón a contrarreloj que un actor debe correr de cásting en cásting, de audición en audición. El aspirante a trabajo se abrocha el cinturón y se hace a la idea de que la mies es mucha. Y comienza su periplo aquí y allá. En una prueba le dirán que es demasiado guapo. En otra, que es demasiado feo. De pronto será demasiado rubio, pero no, porque en la próxima le dirán que es demasiado moreno. Hete aquí que ahora es demasiado viejo. Que no, que ahora resulta que es demasiado joven. Que si tiene pinta de chulo, que si tiene pinta de maricón. En esta audición, resulta que eres demasiado bajo. Cómprate unas alzas. ¡Mierda!: en este cásting resultas demasiado alto con ellas puestas.

El actor y su físico. Gran dilema. Evidentemente, el aspecto físico tiene un valor innegable en el trabajo actoral, y de él dependerá el papel asignado y el modo en que es realizado, porque el público se encontrará con un actor determinado con su facha, y todo tendrá una significación. Y siempre ha importado el aspecto de un actor o actriz a la hora de realizar un reparto. Pero los estereotipos y lecturas evidentes hacen que el cliché ponga muchas barreras. Hoy más que nunca. Porque hay papeles que demandan un físico muy determinado. Pero otros no. Y esto no se tiene en cuenta.

Y es que luego uno se encuentra con muchísmas interpretaciones magistrales de actores y de actrices que están jugadas a la contra, en el sentido de que si hubiera primado lo que el físico o el actor-actriz daba en la primera impresión, jamás se hubieran hecho con el papel. Y para muestra, los siguientes botones:

Vivien Leigh: Escarlata O´Hara.

Vivien era bellísima, de peculiar fotogenia que incluía ojos increíbles y cejas con vida propia. Pero era una inglesa que tenía que parecer más america que el chewing-gum. Y era muy poca cosa: delgadísma y de un escaso metro y medio. Y sin tetas. Su fragilidad impactaba porque luego resultaba una hembra fortísima, más dura que un diamante. Nadie lo diría, tan chiquita ella. De haber sido hoy, la habrían tirado por poco voluptuosa y por cuestión de centímetros. Nadie diría que una mujercita así haría ese juramento legendario con un nabo en la mano o tendría ese esplendoroso final, tras cuatro horas de filme. Su estupendo trabajo fonético y de dicción la permitió hacer de dama sureña. Vivien es Escarlata: su magistral interpretación las une. Nunca fue alta, ni siquiera para su época. Pero llegó a lo más alto del escenario y del celuloide

Humprey Bogart: Rick

Si se le mira detenidamente, uno se topa con un señor bajito. Feo. Desde joven, un tanto avejentado. En Casablanca, va unido indisolublente a una tarima para llegarle a la boca a Elsa. Y por mucho que haya estado en París, en principio su aspecto parece el de un albañilete que ha tomado mucho el sol y que ha pasado hambre. Parece que tiene tisis y que el sol africano le torró. Pero nos lo creemos todo, porque de nuevo su interpretación nos convence,no importa que sea feote y que su voz en el original parezca la de un pato. Un hombre con ese aspecto puede vivir esa historia. Es un tío normal que regenta un bar en Casablanca, ¿acaso es necesario un aspecto distinto para ello?. Un hombre así, engominado y con americana blanca también queda lucido y también puede vivir ese romance. Un tiarrón naufragado en Casablanca no nos engancharía tanto. Es una leyenda. Él es Rick, y es tan atractivo que todavía esperamos otra decisión por parte de Elsa. ¡Quédate con él , Elsa!

Ava Gardner: Julia en Magnolia

Ava interpreta a la mestiza Julia en Magnolia. Uno de sus más bellos papeles. Ava era una vamp, una mujer fatal. Sus papeles siempre iban por ahí. En Magnolia está previsiblemente bella, pero en este caso, ella es la mujer a quienes los hombres destrozan y no a la inversa, como sucedía en sus otros filmes. Aquí, Ava amaba mucho, y por amor acaba cayendo en la perdición. Además, cantó con su propia voz. El productor, muerto de miedo decidió doblarla, pero en la banda sonora editada, es la voz de Ava. Judy Garland iba a realizar este pape, pero una de sus crisi lo impidió, y fue sustituída por Ava, que quedaba fuera de lugar en el género musical. Memorable elección, que pudo parecer desatinada: para el recuerdo está esa Ava, totalmente decadente, en el puerto mirando y lanzando un beso a los enamorados. Maravillosa, sin ser la némesis de ningún machote, sin putanguear con ningún torero.

Frank Sinatra: gigoló y escritor crápula.

¿Quién daría hoy en día a un tirillas como este crooner sus papeles en "Pal Joey" y en "Cómo un torrente"? Pues lo hizo genuinamente. Le tenían que poner relleno en los trajes para tener más corpulencia, y su atractivo residía en su juventud y su voz. Porque guapo, guapo, no era. Era un hombre moliente elegantizado. Y era canijo. Pero se ligaba a Rita Hayworth y a Kim Novak, a la par que las chuleaba. Y en el melodrama "Como un torrente"era un escritor que llega de la guerra y encandilaba a una mojigata profesora y a una entrañable putilla. Y es que para ser golfo no se requiere ni una estatura determinada, ni tener el abono deporte ni ser asiduo de la sala fitness para dar con el brazo de partir chuletas. Golfos los hay de todos los colores, esterotiparlos es discriminar en el golferío.

Sinatra iba a protagonizar "Carrusel", pero abandonó el rodaje. Los motivos por los que lo hizo todavía siguen siendo una incognita. Pero hay quien apunta que fue porque no le iba el papel. Y, estando muy ilusionado con el papel de Billy Bigelow, dejó el proyecto.Y es que se suponia que para trabajar en un carrusel de feria, enamorarse de una rubita y fugarse con ella, tener una hija, y morir en un intento de robo, había que tener una facha distinta, ser más mazacote (?). El señor Sinatra fue más golferas aún en su turbulenta vida privada, fue mucho más gámberro en su vida real y la vivió con esa pinta que Dios le dio. La realidad superó a la ficción. Lástima que Sinatra no rodara "Carrusel". Hubiera sido otra película.

Fred Astaire en cualquiera de sus películas

Hay que reconocer que su físico, en principio, no era de los que hacen estrellas. Pero primó su talento. En sus primeras pruebas para los estudios, se le tachó de feo y de que no sabía bailar (!). Guapo no era. Esmirriado y no muy alto, poseía unas facciones sin mucho atractivo. Pero no importó. Un hombre como él también tenía derecho a la gomina en el pelo y al frac, y el resultado fue el mito. Era muy elegante, y bailando encandilaba a sus compañeras. Sus aventuras danzarinas y musicales con la Rogers y la Charisse-entre otras- allí están como un clásico. No se precisa el ser un tío de bandera para vivir esas historias románticas al ritmo de la melodía, ¿dónde está escrito?. Y nosotros, de nuevo, nos creemos a este actor.

Con el paso del tiempo, de nuevo Astaire realizó un trabajo que parecía un error de casting, pues era un filme muy lejano de sus musicles de antaño, de nuevo un trabajo actoral a la contra. Era en "La hora final" ("On the beach"). Interpretaba al viejo amigo y antiguo ¿amante? de una nostálgica Ava Gardner. Lo que parecía una elección de actor que a bote pronto parecía exótica y errada era en realidad una estupenda interpretación. Y es que la gente dudó de Astaire, pues esta vez no tenía las chapas de claqué en sus zapatos.

Greta Garbo en Mata-Hari y Margarita Gautier

Deberían mandar a Danilo al infierno por decir lo que va a decir. Y es que nos aventuramos en el Olimpo, donde existe este ídolo situado en el campo de las leyendas inmortales. Pero si Prometeo se atrevió a robar el fuego a los dioses, Danilo se atreverá también a cometer esta pequeña osadía.

La Garbo es una leyenda. Indescriptible verla en cualquiera de sus películas. Y era bellísima, de una belleza extrañamente contemporánea. Pero hay que reconocer que su aspecto físico visto en algunas fotografías corría el riesgo de ser confundio con el de un elegantísimo travesti sofisticado. Y si se la veía en versión original, un gravísima voz redondeaban la faena. Si vemos "Margarita Gautier" nos damos cuenta de que con miriñaque abulta mucho más que Robert Taylor-Armand, y que está muy alejada del canon de mujer delicada decimonónica consumida por la tisis. Pero con todo, no importa. Está tremendamente femenina y su gran interpretación nos conmueve. Si no hubiera sido la Garbo, si se hubieran guiado solo por el físico o las primeras impresiones, ¿habría sido ella la elegida?. La misma pregunta nos la podríamos hacer con Mata-Hari, película recordable precisamente por ella.

La Garbo no era quizá del todo adecuada, porque de bailarina grácil no tenía nada (recordemos los apañados planos de la Garbo ¿bailando? como MataHari). Pero su fascinadora interpretación hacía creíble todo. Su melancolía en los primeros planos vislumbrando la llegada de una nueva primavera que no le ofrecerá nada a ella, y su seductora doblez de la que luego se arrepentirá dolorida de amor imposible, son dignos de recuerdo permanente. Por cierto, la Garbo ya hizo de bailarina en Grand Hotel años atrás. Demasiado alta para el ballet clásico y demasiado joven para ese papel: en la novela su personaje se había hecho ya un lifting, y sufría la decadencia de su carrera artística. Pero de nuevo, el resultado fue estupendo.

Y podrían seguir los ejemplos. Cuando se rodó "Entrevista con el vampiro" Anne Rice comentó que Tom Cruise haciendo de Lestat era como haber elegido a Edward G. Robinson. Luego rectificó porque Cruise lo hizo muy bien. El gran Javier Bardem realizó dos magistrales trabajos en "Antes que anochezca" y sobre todo en "Mar adentro". Y son papeles que se alejaban del sex apple de típico actor tío bueno y cachas demasiado joven que este actor daba a primera vista.

Una vez hablé con un director de escena que había montado "Agnes de Dios". Para ello había contado con un estupendo reparto de tres actrices. Para el papel de Agnes había contado con una actriz muy buena y muy alta. Este director me decía que había contado con esta actriz porque claro, era muy alta, y quería que el público, al verla sufrir, se sobrecogiera. Si hubiera sido más bajita, el publico habría sentido sólo pena, y claro eso no podía ser... Le recomendé que viera cualquier telediario. O sea, que las personas altas inspiran nobles sentimientos, las personas bajas, mierda prosaica. He de decir que no recordé la estatura de la actriz, sí su trabajo.

En las clases de interpretación se dice a los actores una y otra vez que no hagan estereotipos y clichés, que busquen la sinceridad, lo verdadero y genuíno. En un taller de interpretación yo pude oír que el profesor decía que se huyera de lo evidentemente falso: la persona más refinada del mundo y culta podía ser la más soez, y la persona más humilde, la más educada. También dijo que cuando se elegía a un actor determinado para un personaje, se hacía por lo que ese actor podía ofrecer al personaje, por el sello personal. Pero esto era en las clases. Luego fuera, es otra historia.

Hay muchos papeles tipo, que requieren a un tipo de actor determinado. Kuntakinte más vale que lo interprete un actor de color, Madame Butterfly debe ser interpretado por una oriental, Arlequín es un pequeño y ágil criado. Pero, aparte de esos papeles tan determinados, hay un gran abanico de opciones.

Y nos topamos con interpretaciones que nos enganchan realizadas por actores que en una primera impresión puede que no respondieran a los cánones bien por su físico o forma de ser o procedencia o por la tendencia de carreras. ¿Por qué nos enganchan? Quizá sea porque vemos cómo personas reales, de carne y hueso, también viven esas historias sugestivas. Porque para ser carne doliente o inspirada, infeliz o feliz hay que ser ante todo genuino. Porque primero esta la prosaica realidad para que después aparezca el arte, que la empobrecerá, la deformará, la embellecerá o la enriquecerá. El actor arranca de la realidad. El arte es el espejo en el que ésta se refleja. Un espejo puede tener muchas superficies.

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